Cariño estos últimos días he estado visitando casas parecidas a donde tú te encuentras esperándonos, pero donde viven abuelitos y abuelitas que se juntan para que las puedan cuidar personas que las quieren mucho y que las miman y les hacen ser felices. Allí he visto muchas personas mayores cuyos ojos proyectaban la mirada de alguien que ha vivido mucho y que tienen muchas cosas que ofrecer aún, aunque esta sociedad no sea consciente de ello; sin poderlo evitar he pensado en tu Abuelita Elena y me apetece contarte algo sobre esta gran mujer.
Mi madre, tu abuela (Doña Elena para todos a pesar de llamarse Elisa), nació en Madrid en el año 1924, por lo que tiene ahora 83 años, pero para nada se le notan, ella dice que solo se ve mayor cuando se mira al espejo. Sus papás eran mis abuelitos Valero y Eloisa, la mediana de una familia de tres hijos, la mayor Tía Luisa y el menor Tío Enrique. Su infancia la recuerda siempre con mucho cariño, su papi y su mami la cuidaban muy bien y la llevaban siempre con ellos dándole todo el cariño del mundo.
Después de ir a la escuela y a pesar de que su verdadera vocación era la medicina, al no estar dentro de sus posibilidades el estudiar una carrera tan larga, dirigió sus estudios al servicio a los demás, cosa que siempre hace y que aún ahora continua haciendo con todos los que la rodean, por lo que se hizo practicante como se le llamaba por entonces a las enfermeras. También se especializó en fisioterapia (Rehabilitación de inválidos como se decía antes) y podología ( por lo que en el pueblo también la conocen como La Callista). Mientras estudiaba y dado que en su casa la economía no era muy boyante trabajaba haciendo guardias en hoteles donde conseguía mas dinero como propinas y negociando con los camareros que como sueldo por su trabajo.
A los 18 años (1942, cuando Madrid y Vitoria estaban más lejos que la distancia que ahora nos separa a nosotros e ir de una ciudad a otra era toda una aventura) aprobó unas oposiciones y se fue a trabajar (con la autorización se su papi por entonces aún se necesitaba, se era mayor de edad a las 21 años) a Vitoria a trabajar a un sanatorio de personas que se encontraban muy malitas y a las que ella, como no podía ser de otra forma, cuidaba y mimaba con mucho esmero.
Mi amor, tu abuela ha sido una persona adelantada a su tiempo y ha trabajado en sitios donde por aquel entonces era prácticamente impensable que lo hiciera una mujer, en todos los sitios era conocida como la Pequeña, debido a su juventud.

En 1959 cuando uno de los primos de mami se casó y perdió la maleta en el viaje de novios, la familia de la abuela les ayudo a encontrarla y como agradecimiento los invitaron a la romería de la Virgen de la Cabeza, allí conoció al abuelo que pensó: esta chica es una buena novia para mi sobrino, al final cambió de idea y él viudo con tres hijos le pidió que se casaran, lo que hicieron en tres meses, se fueron de viaje de novios con los pequeños (ella dice me casé con 1 y amanecí con 4).
Su primera visita al Pueblo fue ya apoteósica pues al casarse con un viudo la tradición mandaba que había que darle una cencerrada a la novia, y allí se fue todo el pueblo con sus cencerros, para una muchacha de ciudad aquello era inaudito pero estoicamente tuvo que aguantarla.
El día de su boda en la iglesia no se oía una mosca volar, ella pensaba que estaba sola con el novio ante el altar, pero cual sería su sorpresa al darse la vuelta para salir que vio la iglesia de los Ángeles, en Madrid, totalmente llena de carritos de minusválidos y otros muchos de sus enfermos que la acompañaban en este día, agradecidos del trato que habían recibido de ella.
La abuela, demostrando una vez más su entrega total a la gente que tiene a su lado, le puso a su primera hija el nombre de la mamá de los tíos, en homenaje a ella que había fallecido por causa de las secuelas que le dejó un parto donde perdió a su única hija. Esto creo que es la muestra más grande de generosidad y amor que se puede tener con un compañero. Debido a su capacidad de entrega a todos los que la rodean pronto se ganó el cariño de la larga familia del abuelo, siendo desde el primer día para todos ellos la Tía Elena.
Como ya te he dicho siempre has tenido una abuela moderna y mucho más para un pueblo andaluz, usaba pantalones, escalaba montañas, y había recorrido media España, lugares que nos ha enseñado a todos nosotros.
Como lo de estar sin trabajar no le convencía, se andaba el pueblo entero poniendo inyecciones, si pasaba una moto por su lado le preguntaban: ¿Doña Elena a donde va? y si el camino coincidía, allí que se subía en la moto y se ahorraba un paseo. Cuando yo la acompañaba, alucinaba de cómo la gente la quería y de cómo no solo era la practicante, si no Doña Elena, la persona que conocía los problemas y las alegrías de las casas a las que llegaba.
Desde el día que la abuela llegó a Martos, ha sido: la practicante de medio pueblo, atendía a todo el mundo con cariño (eso si con bastante genio ya que para lo bueno y para lo malo la abuela es una mujer de carácter), la consultora sentimental de toda una generación de niñas que veían en ella alguien más moderno y con mayores aspiraciones que cualquiera de los conocidos en el entorno. A cualquier hora de la noche llamaban a casa porque había una urgencia, un accidente o a alguien le dolían los callos y venia a ver a la “platicanta”. Ha visitado casi todas las casas de Martos donde hubiera un enfermo y ha derrochado humanidad a mantas, es para mi un orgullo, que muchos de los ancianos que nos encontramos ahora por la calle, años después de que dejara de trabajar, la besen y le pregunten: Doña Elena ¿éstas pastillas que me han mandado serán buenas? o cosas por el estilo.
En la actualidad sigue cuidando de nosotros con una lucidez increíble y con el valor que le otorga la experiencia de esos 83 años vividos en plenitud, me gustaría que pudieras conocerla o al menos que tus padres fuéramos capaces de transmitirte su ejemplo para que seas FUERTE pero a la vez UNA BUENA PERSONA.
Como verás, no puedo ser en absoluto imparcial ES MI MADRE.
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